Los juicios de Nüremberg y la «desnazificación» de Alemania Occidental

Lunes 21 de Noviembre de 2016
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Los juicios de Nüremberg

Cierto es que hoy en día el nazismo en la sociedad alemana es un tema tabú, una especie de “vergüenza nacional”. La exhibición de símbolos nacionalsocialistas está penada por la ley. Aunque igualmente es un período histórico de Alemania al que se le presta una muy sólida atención dentro del sistema educativo germano a tenor de la máxima “el que olvida su pasado está condenado a repetirlo”. Pero, ¿realmente hubo una desnazificación efectiva en Alemania? ¿Todo rastro de los oscuros años de Hitler fue borrado de golpe? Para comprobar si así fue hay que remontarse a dos acontecimientos que marcaron la historia de los alemanes durante la Guerra Fría: los juicios de Nuremberg y la partición del país en dos Estados (RDA y RFA).

La partición de Alemania

Ya desde la II Guerra Mundial la URSS y Estados Unidos comenzaron a tener discrepancias en torno a lo que serían los futuros acuerdos de paz y la situación en la que quedaría Alemania tras su derrota, cada vez más cercana. Stalin pensaba que Alemania no tardaría mucho en recuperarse del conflicto y que pronto volvería a ser potencia hegemónica en Europa occidental, por tanto un peligro para la Unión Soviética. Ante esta convicción, los rusos planteaban unas condiciones de paz para Alemania bastante severas. Lo primero era la reducción de sus fronteras, luego una indemnización que sirviera a la URSS para reconstruirse y el veto absoluto a poseer fuerza militar. Roosevelt, sin embargo, no se mostraba del todo de acuerdo con lo que proponía Stalin. Era partidario de la desmembración de Alemania y de no permitir su reconstrucción territorial. La pretensión del mandatario norteamericano era que Alemania jugase un papel importante en la reconstrucción de Europa. Su política pasaba por no mantener con los alemanes una actitud de extrema venganza como ocurrió tras el Tratado de Versalles tras la I Guerra Mundial, pretendiendo evitar así el origen de un nuevo conflicto europeo. Por otro lado, Estados Unidos temía que una Alemania en ruinas que arrastrase al resto de países europeos a una crisis económica, política y social pudiera ser el caldo de cultivo perfecto para que triunfara el socialismo, más cuando medio Ejército Rojo y la URSS se hallaban al otro lado del telón de acero.

Los aliados occidentales concluyeron que la URSS debería tener su propia esfera de influencia en los países adyacentes, los de Europa del Este. Lo que no estaba claro es cuál era el límite de esa influencia. En todo el Este comenzaron a ascender distintos gobiernos socialistas al calor de la lucha antifascista llevada a cabo durante la guerra.

Stalin insistió en que Alemania debía darle a la URSS en concepto de reparaciones de guerra unos 10.000 millones de $. Pero Estados Unidos quería una Alemania fuerte y que no se resintiera demasiado económicamente. En la Conferencia de Postdam se llegó a un acuerdo definitivo al respecto: Alemania quedaba dividida en cuatro partes; soviética, francesa, británica y estadounidense.
Ya en 1947, los aliados occidentales deciden unificar sus zonas de ocupación alemanas, creando así la Bizona. Alemania queda así reorganizada en dos zonas: la soviética y la occidental. En junio de 1948, Francia, Inglaterra y Estados Unidos establecen en marco como moneda oficial en la zona occidental de Alemania. La URSS reacciona bloqueando Berlín (la mitad de Berlín estaba ocupada por Estados Unidos y sus aliados), aunque es roto poco después con el famoso “puente aéreo” (envío de suministros a Berlín oeste por aire). El 12 de mayo de 1949 la URSS levanta el bloqueo. Para el 23 del mismo mes nace de manera oficial la República Federal Alemana, mientras en la zona de ocupación soviética nace la República Democrática Alemana.

Desde el principio, el nacimiento y desarrollo de la RFA va a estar tutelado por Estados Unidos. Alemania occidental es incluida en el Plan Marshall y posteriormente adherida a la OTAN. A mediados de los 50, los diplomáticos y estrategas norteamericanos y soviéticos coincidirán en la idea de que la partición de Alemania sería la solución idónea al conflicto, pues una Alemania unificada y fuerte que se pusiera del lado de una de las dos superpotencias supondría una catástrofe para la otra. Al principio la RFA y sus aliados no reconocieron a la RDA. Las relaciones entre ambas Alemanias fueron inexistentes hasta la década de 1970, donde existió cierto acercamiento promovido por Willy Brandt y Erich Honecker. La propia Constitución de la RFA, la Ley Fundamental para la República Federal Alemana, fue redactada por un Consejo Parlamentario de 65 miembros nombrados por los 11 Estados federados de la RFA pero con la venia del consejo militar de la ocupación aliada. Dicha Constitución fue aprobada por el propio Consejo Parlamentario el 8 de mayo de 1949. El día 12 de mayo fue ratificada por los gobernadores militares. En las siguientes semanas se sometería a la aprobación de las distintas cámaras de los Estados federados. En ningún momento fue ratificada por el pueblo germano-occidental vía referéndum. La Ley Fundamental para la RFA sigue rigiendo la Alemania reunificada actual; sólo fue sometida a una ligera reforma en 1994.

Los controvertidos Procesos de Núremberg y la impunidad

Los juicios llevados a cabo en la ciudad alemana de Núremberg entre el 20 de noviembre de 1945 y el 1 de octubre de 1946 tenían como objetivo depurar responsabilidades y dictar sentencias y condenas par todos los funcionarios, dirigentes y colaboradores del régimen nazi para los delitos y crímenes de guerra cometidos entre el 1 de septiembre de 1939 y mayo de 1945. Los juicios fueron dirigidos por el Tribunal Militar Internacional nacido de la Carta de Londres, que se ocuparon de 24 dirigentes nazis. Luego Estados Unidos llevó por su cuenta más tarde otros 12 procesos. El responsable directo del Holocausto, Adolf Eichmann, que consiguió escapar a Argentina, no fue juzgado hasta 1961, cuando fue encontrado y capturado por el Mossad; fue sentenciado a muerte en 1962.

De todos los procesados, 11 fueron condenados a la horca. Hubo organizaciones, empresas y colaboradores del Tercer Reich que quedaron impunes. Muchos consiguieron huir a Latinoamérica gracias a algunas maniobras del Vaticano y la colaboración del régimen franquista (Operación ODESSA). Sin embargo, algunos dirigentes nazis no huyeron, pero tampoco recibieron condena alguna.
Uno de los casos más llamativos es el de Reinhard Gehlen, que ocupó el cargo de mayor general de la Wehrmacht durante la II Guerra Mundial con diversas funciones en materia de contrainteligencia. Gehlen fue captado por Estados Unidos debido a sus vastos conocimientos del campo soviético en materia de espionaje. Fue liberado a cambio de información y archivos clasificados. A partir de ese momento comenzó a trabajar para los norteamericanos. Poco después se reintegró en el cuerpo de servicios secretos alemanes reestructurado por las potencias ocupantes. Fundó la llamada Organización Gehlen, un grupo de 350 espías formado por ex-agentes secretos nazis; los efectivos ascendieron a unos 4000 al paso de los años. Operación Gehlen fue la sucursal de la CIA en la RFA. Su ámbito de actuación fue el Bloque del Este y la propia RFA, donde se ocupaba de la persecución y vigilancia de disidentes. Operación Gehlen consiguió infiltrar en Europa del Este unos 5000 agentes anticomunistas cuyo objetivo era realizar maniobras de desestabilización en dicha región. Este servicio secreto estaba capitaneado por Estados Unidos en parte, con Gehlen como cabecilla. En 1956, cuando Adenauer aprobó la creación oficial de la BND (inteligencia de la RFA), nombró a Gehlen su primer presidente. Permanecería en el cargo hasta 1968. La Organización Gehlen antes mencionada fue el embrión de la Operación Gladio, red terrorista clandestina anticomunista promovida por la OTAN que operaba en Europa durante la Guerra Fría, principalmente en Italia.

Nuremberg

Otro caso realmente sorprendente fue el de Adolf Heusinger que pasó de ser el Jefe del Estado Mayor de la Wehrmacht a Inspector General de la Bundeswehr (ejército regular de la RFA) y terminó presidiendo el Comité Militar de la OTAN.
La impunidad también alcanzó a Gerhard Mertins, antiguo dirigente de las SS. Participó en la operación donde fue liberado Mussolini, arrestado en 1943 por Victor Manuel III tras la invasión aliada de Italia. Fue dueño de una empresa armamentística en la RFA cuyo mercado principal era Latinoamérica. Mantuvo estrechas relaciones con el Chile de Pinochet.
Uno de los casos más siniestros fue el de Paul Schäfer, ex militante de Juventudes Hitlerianas. Sirvió en el servicio médico de la Wehrmacht. Consiguió escapar a Chile cuando se le acusó en la RFA de haber cometido delitos de pederastia. Allí fundó una secta conocida como Colonia Dignidad, una especie de asentamiento-comuna manejado por el y otros inmigrantes alemanes. En Colonia Dignidad se cometieron innumerables abusos de menores y fue usado como centro de tortura por el régimen de Pinochet. Allí también se fabricaron armas con la colaboración del anteriormente citado Gerhard Mertins.
De los distintos oligarcas que colaboraron con el régimen nazi, uno de los más destacados era Gustav Krupp, dueño de la compañía de industria pesada Krupp AG, gran proveedor de armas del régimen nazi. Krupp fue llevado a juicio por prácticas esclavistas, pero no se le procesó por ser demasiado mayor y estar delicado de salud.
Otro oligarca que se libró de las condenas de Núremberg pero cuya vida tuvo un trágico final fue Hanns Martin Schleyer, ex-militante del NSDAP, presidente de la Patronal alemana y de la Federación Alemana de Industriales en la RFA. Fue secuestrado y asesinado por la Baader-Meinhof en 1977.

Entre los numerosos antiguos militantes del NSDAP que acabaron ocupando cargos institucionales en la RFA, destacan Kurt Georg Kiesinger, se recicló afiliándose a los democristianos (CDU) y fue canciller de la RFA desde 1966 hasta 1969. También es digno de mención el caso de Hans Globke, que colaboró en la redacción de las leyes nazis de segregación racial, y que fue nombrado por Konrad Adenauer Secretario de Estado de la RFA, cargo que ocupó desde 1953 hasta 1963.

Estos son sólo unos pocos ejemplos, los más destacados, pero no fueron los únicos. Prácticamente todo el aparato judicial de la RFA estaba plagado de antiguos militantes del NSDAP y colaboradores del régimen nazi. Lo mismo ocurrió con los cuerpos y fuerzas de seguridad y con gran parte del funcionariado. Los comunistas sí fueron completamente depurados de las instituciones germanooccidentales, e incluso hoy día, producto de aquella época, es indispensable para ejercer de profesor en el sistema educativo público de Alemania una “validación ideológica” por parte de los servicios secretos. Donde sí se produjo una desnazificación de facto fue al otro lado del muro. La RDA expropió las industrias y tierras de los antiguos oligarcas nazis, ilegalizó el NSDAP y encarceló a los colaboradores de Hitler. A priori la relativa desnazificación de la RFA podría asemejarse de algún modo a lo ocurrido con los franquistas en España durante la Transición, que siguieron ostentando el poder político y económico y se cubrieron de un leve maquillaje para adaptarse a los nuevos tiempos. Sin embargo, en Alemania no fue tan evidente, pues en el caso de España todo ello estuvo amparado por una ley de amnistía (la del 77) que dejó impunes todos los delitos de la Guerra Civil y la dictadura franquista. En Alemania, al menos, hubo juicios y algunos condenados, aunque como se ha demostrado de un tiempo a esta parte no fue suficiente.

Lecturas recomendadas:
‘Historia de Alemania’. Mary Fulbrook
‘Los ejércitos secretos de la OTAN’. Danielle Ganser.
‘1989, el año en que cambio el mundo’. Ricardo Martín de la Guardia.
‘El desequilibrio como orden’. Francisco Veiga.
‘Operación Paperclip’. Annie Jacobsen.

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