Health Goth: la última moda de mierda

Martes 24 de Noviembre de 2015
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Seguramente no te hayas enterado de que el Health Goth es la nueva tendencia. No es de extrañar, dado el ritmo frenético de producción y reproducción de nuevas modas, que nos enfrenta, periódicamente, a un sinnúmero de términos importados de los barrios más chic de Londres. Desde las ortodoncias barrocas llamadas 'Grillz' hasta los bonetes de sirvienta novecentista que la revista Fashion decidió llamar #bonnetcore, la creación y difusión enfervorecida de modas, estilos, complementos, tribus-urbanas, ropajes-para-tu-horóscopo, famosas con estilazo y conjuntos otoño-invierno para la llegada del Apocalipsis es prácticamente ilimitada.

Necesitamos, por ello, un lugar para el descanso, que bien pueden ser estas líneas; un pequeño oasis de eternidad donde no circule el Eterno Retorno de lo Vintage, y donde podamos abstraernos de ropa y cartera para poder entrever, tras el textil, la etiqueta sustancial de su podredumbre.

El relato es el siguiente: tres personas, cuyos nombres no son relevantes, abren una página de Facebook donde acotan una estética bajo el nombre de Health Goth (que incluye imágenes de ropa deportiva en blanco y negro, prótesis, sirenas de látex...); su página gana popularidad, los chimpancés de Vice, deseosos de nuevos titulares, les hacen una entrevista, y nosotros titulamos: "Health Goth: la nueva moda de mierda", para que los desencantados y las moscas leáis algo que no sea pura apología del crimen consumista; en este punto nos encontramos ahora mismo.

Cualquiera que escuche a las mentes perversas que se sitúan tras el Health Goth puede comprobar su delirio: no sólo están interesados por la "tecnología biológica del mejoramiento y la medicina anti-edad" sino que también les apasionan "los ambientes artificiales ultra-limpios y el amor propio en general". El peligro de estos dementes es doble: por un lado, se interesan por la vida eterna al mismo tiempo que fragmentan esa vida en momentos fugaces de consumo; por el otro, sueñan a través del color negro y de las curvas suaves con un futuro próximo, mientras contribuyen con su retórica fashion a la mitología-marketing del presente; su propósito es inútil, pues el capitalismo no sueña: su futuro no puede ser más que la imagen que el presente produce en serie sobre las camisetas. Naves espaciales, colonias en Marte, cyborgs: el capitalismo consume su futuro a golpe de diseño-ficción.

No es nada nuevo el que, bajo las condiciones actuales de vida, el acceso a la tribu ya no está mediado por el sacrificio de una cabra, sino por el acto performativo de consumo: me compro estos low-fit jeans, el foulard y los zapatos Oxford, y se abren para mí las puertas de la vida social en Malasaña. No sólo el deseo de integración, sino también el de diferencia, viene mediado por el consumo: a golpe de billete se compra la sublevación en el Primark, donde, en ocasiones, han llegado a ofertar hasta tres modelos distintos de camisetas del Ché Guevara. Desgraciadamente para nosotros, Primark está lejos de aceptar gustosamente la expropiación de sus fábricas: no creen en lo que venden, sino únicamente en la venta, tan numérica y abstracta como marque, en cada caso, la caja registradora.

Sin embargo, las empresas viven de que nosotros creamos; en este caso, de que nos traguemos que el Health Goth es una moda, en lugar de la última combinación de lo incombinable: la sobriedad gótica y el sudor de gimnasio. Pero esta mezcla, aparentemente improvisada, es también portadora de sentido: el gótico, demasiado cercano a la muerte, se rebaja al pedaleo rutinario; el gimnasio, demasiado corporal, se estiliza a través del luto. Quedan borradas la muerte y el sudor: sólo queda la pasarela como unidad espacial básica. La televisión, como pasarela de productos; la calle, como pasarela de maniquíes; el muro de Facebook, como pasarela de informaciones sobre la que un algoritmo establecerá nuevas publicidades; y en medio de este paseo de ida y vuelta nos moriremos, sin que ninguna moda nos haya avisado previamente. Nuestra familia, sorprendida por este ataque de biología rebelde, comprará flores, posiblemente Health Goth flowers, mientras el diseñador de esas flores, flotando en dinero, se paga la inmortalidad celular; con suerte, algún hombre libre le acuchillará la tráquea, si bien los hijos del diseñador, gracias al seguro de vida, cobrarán varios millones que invertirán en la nueva moda: el Old Age Subaquatic, y entre algas de polietileno y conchas marinas a modo de panties, los enfadados del futuro gritarán: sigue el vaivén de las pasarelas, toda nostalgia es un acto de consumo, el hogar se construye desde el aplauso.

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Encontrado con la frase: "somos la gente de seda y acero"

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Portada de un periódico de Portland. El subtítulo reza: "Drogas nootrópicas, túnicas de batalla, macronutrientes y la caca perfecta"

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Tsuru Ishibashi, redactora en Kappa Pond