Gomorra, “gomorrismo” y una Nápoles bolivariana

Miércoles 27 de Julio de 2016
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DIDASCALIA: Luigi de Magistris celebrando la victoria electoral con la camiseta del equipo de futbol de Nápoles
DIDASCALIA: Luigi de Magistris celebrando la victoria electoral con la camiseta del equipo de futbol de Nápoles

Recientemente se produjeron elecciones municipales en Nápoles, donde la victoria volvió a ser para el ya alcalde Luigi de Magistris y que concidieron con el final de la segunda temporada de la serie de TV Gomorra. La serie, inspirada en la novela de Roberto Saviano, cuenta los acontecimientos ligados a una guerra entre clanes rivales de la Camorra por el control de los negocios y del territorio en la periferia norte de Nápoles. La trama se inspira, obviamente con interpretaciones, en una real guerra entre clanes que en 2004-2005 enfrentó a la familia Di Lauro (en la serie, la familia Savastano), reinante en Scampia-Secondigliano, y los Scissionisti, es decir, los clanes afiliados a los Di Lauro, que fueron independizándose y buscando el control autónomo de las “plazas” de venta de la droga. Gomorra es un producto de ficción, una serie muy bien hecha, apasionante e intensa y dirigida de una manera óptima por Stefano Sollima, el mismo director de la serie italiana Romanzo Criminale.

A diferencia de la pelicula, Gomorra se centra solo en el punto de vista y en la mentalidad criminal para describir la realidad de los barrios napolitanos y, todo sea dicho, lo hace con un gran realismo y actores afines a la realidad que se narra en la serie: algunos de ellos han tenido antecedentes criminales; otros no sólo tienen un pasado, sino un presente criminal, como el actor que encarna al joven Danielino, personaje de la primera temporada que, de hecho, ha terminado en la carcel por una agresión.

Danielino es uno de los muchos chavales que acaban involucrados en la lógica del sistema criminal, el cual representa para ellos la única posibilidad de salir de la pobreza y de la precariedad constante sin tener que emigrar. Nápoles, como en general el sur de Italia, ha conocido muy pronto la precarización laboral y habitacional y la expansión consecuente de la economía sumergida y criminal. Y aquí entra en juego el papel del crimen organizado, que no es solamente un fenomeno criminal, ligado a bandas callejeras, sino también un mecanismo político-económico de explotación, basado en el poder militar, en la corrupción y la prevaricación. De hecho, en Nápoles a la Camorra no se la llama la Camorra. Realmente el nombre es O’ Sistema, porque eso es: un sistema que controla y gestiona un territorio abandonado y maltratado por las instituciones estatales y donde la esperanza de construir un futuro digno es muy reducida.

En este sentido, la ficción puede representar un vía de escape o un camino de redención para varias personas que han tenido que crecer en este ambiente y han formado parte de ello. Es el caso de Gomorra, que ha sido realizada con la colaboración de la asociación cultural y casa de producción cinematográfica Figli del Bronx. Esta asociación se fundó en 2003 por Gaetano di Vaio (en la serie Baroncino), un ex-criminal (no camorrista) que después de la carcel decidió dar un giro a su vida y producir documentales y peliculas sobre la realidad de los barrios napolitanos, involucrando a chavales “en riesgo” o en estado de exclusión, ofrenciéndoles una esperanza de vida que vaya más allá de la criminalidad o de la pobreza estructural. Uno de estos jóvenes, por ejemplo, es Carmine Monaco: quién haya visto la serie le conoce como ‘O Track, joven criminal de Secondigliano. Carmine es un chico de los Quartieri Spagnoli (otro barrio napolitano) que ha sabido construirse un futuro fuera del crimen y que se implica en el complejo tejido social napolitano, apoyando a las asociaciones de barrio, las ocupaciones populares y, en definitiva, a otras personas que, como él, pueden convertirse en víctimas/verdugos para el Sistema.

DIDASCALIA: Gaetano di Vaio (Baroncino) e Carmine Monaco (‘O Track)
DIDASCALIA: Gaetano di Vaio (Baroncino) e Carmine Monaco (‘O Track)

La extrema condición de precariedad y marginación a la que se ha visto sometida Nápoles desde muchos antes de las crisis económica de 2008 ha impulsado el desarrollo de fuertes comunidades, asociaciones y redes de apoyo social en la ciudad. Lo que hace especiales y diferencia a estas luchas, es haber sabido denunciar el fenómeno mafioso y la mala gestión local del poder como una pieza del tablero político-económico italiano y en parte europeo. Son dos elementos inseparables, ya que no se entienden la violencia y la corrupción como forma de dominio sin analizar un contexto más amplio: la relación centro-periferia entre el Sur y el Norte y el reparto desigual de riqueza y desarrollo a partir de la misma construcción de Italia como Estado. No se puede ignorar que el consenso electoral nacional ha sido construido también sobre redes clientelares y sobre una represión brutal que ha golpeado las experiencias de lucha y solidaridad en estos territorios. Estos movimientos recuperan en parte el análisis meridionalista, es decir analizan el modelo de construcción del Estado Italiano, como una colonización del Reino de Savoia hacia el Sur, no como una real “Unidad de Italia”. El meridionalismo es un corriente de pensamiento que empieza a desarrollarse en el siglo XIX y que identifica el origen de la cuestión meridional italiana en el pacto de poder entre élites liberales del Norte y oligarquías latifundistas del Sur, funcionales al expolio de riqueza y recursos. Actualmente este proceso sigue verificandose y los clanes y las fuerzas políticas locales representarían los “nuevos latifundistas”. Este mecanismo de explotación se repite a nivel europeo, donde las oligarquías del Sur son parte integrante de un mecanismo geoeconómico que favorece los paises de Europa del norte y que crea un centro acumulador frente a una periferia empobrecida.

Nápoles no es solo Gomorra, sino una ciudad viva y multicultural, que también ha sabido reaccionar a la dura realidad que le ha sido impuesta y que lucha, sobre todo en los barrios populares. Sin embargo, el relato mediático italiano frecuentemente tiende a reforzar estereotipos negativos sobre la ciudad y sus habitantes. Según este relato, hecho tanto por lugares comunes al borde del racismo como por la doble moral a la hora de explicar los hechos, Nápoles es como es porque su población está culturalmente predispuesta a la ilegalidad, al victimismo y a la omertà[1] y es, en definitiva, la “cloaca” criminal de la península: sucia, peligrosa, ruidosa..., casi un lastre para el país. El debate alrededor de Gomorra no se escapa de este relato: la serie es ficción, es parcial a la hora de describir la realidad napolitana, pero varios intelectuales, entre lo cuales está el mismo Saviano, quieren atribuirle un valor casi documental, tachando a quien critica la serie o el impacto que pueda tener sobre la imagen de la población de Nápoles de “omertosa”. El fenómeno Gomorra parece haber desencadenado otro, el “gomorrismo”, un relato negativo de las realidades napolitanas, utilizado también mediáticamente para atacar los diferentes proyectos políticos que surgen de la organización de los barrios y que, por su fuerza contrahegemónica, son peligrosos para la estabilidad del Sistema, napolitano e italiano.

Y es que, en los últimos años, esta interrelación de luchas ha cobrado fuerza, también gracias al proyecto político del alcalde de Magistris. Luigi de Magistris, napolitano de origen, antes de entrar en política ha sido juez instructor y ha investigado principalmente las tramas de corrupción ligadas a la apropriación ilícita de fondos europeos destinados al Sur de Italia. Obviamente, muchos de estos fondos acababan en manos de los clanes criminales gracias a la convivencia con las instituciones políticas. Estas investigaciones, en el contexto de impunidad italiano, le han provocado acusaciones, acosos mediáticos de todo el espectro político y un enfrentamiento con el Ministerio de Justicia que ha llevado a que los casos de los que él se ocupaba fueran transferidos a otros jueces instructores. En 2009, después de haberse acercado a Antonio di Pietro y Beppe Grillo, anunció su ingreso en política en la Italia dei Valori y presentó su candidatura como Parlamentario Europeo. De Magistris nunca ha escondido su aprecio hacia el PCI de Enrico Berlinguer y sus ideas de izquierda, a la vez que también se ha involucrado, desde una perspectiva meridionalista, en ese magma nacional-popular y justicialista que constituye la base electoral del Movimento 5 Estrellas. Sin embargo, en 2011 se presentó con una lista pública como alcalde de Nápoles, lo cual le provocó un enfrentamiento con Beppe Grillo, que lo acusó de haber utilizado los votos del Movimiento para su carrera política. Sea como sea, de Magistris ganó las elecciones, quitando la alcaldía de Nápoles al Partito Democrático.

Y aquí empieza lo interesante, porque el alcalde exmagistrado representa un movimiento político meridionalista, extremadamente transversal y en oposición al PD de Matteo Renzi y a los poderes fácticos italianos y europeos. Desde 2012 hasta hoy, Nápoles ha cambiado y, según muchas personas, empezando por la mayoría de los napolitanos, ha mejorado. De Magistris no ha podido cumplir totalmente con su programa, pero es cierto que la dirección que ha tomado es progresista: ha mejorado la imagen de la ciudad, aumentado el turismo, se ha peatonalizado el paseo marítimo, se ha aprobado el registro de las uniones civiles entre homosexuales en el Ayuntamiento (debate aún no resuelto en Italia), se ha impulsado un servicio público de distribución del agua (al que le cuesta avanzar también por bloqueos nacionales) y se ha intentado solucionar el grave problema de la eliminación de residuos. Su proyecto político incluye asociaciones de barrio, partidos menores de izquierda, fuerzas meridionalistas, asociaciones religiosas, centros sociales y casas ocupadas. Se trata de un proyecto político transversal, con fuertes rasgos meridionalistas y nacional-populares. Obviamente, hay contradicciones, objetivos no cumplidos y también un cierto nivel de populismo, pero de corte progresista, no justicialista o xenófobo, como puede ser para el Movimento 5 Estrellas o la Liga Norte.

Por si hay dudas sobre el corte progresista de este proyecto político, hay que ir a ver sus adversarios. Los críticos son justamente los principales megáfonos del relato negativo sobre Nápoles, unidos a la mayoría de la clase dirigente meridional, expresión de la oligarquía local. Manda narices que la misma clase política que ha convertido Nápoles en el reino de Gomorra y que ha favorecido por años la expoliación de recursos, la precarización y la connivencia con el crimen organizado ahora se lanze en ataques al alcalde por no haber solucionado del todo el tema de los residuos (un problema que se arrastra desde hace años y tiene que ver con la eliminación ilegal hecha por empresas del Norte de Italia y de Europa) o por no haber cambiado lo bastante Nápoles.

Pero no es solo el sistema político italiano y meridional el que ataca la experiencia política de de Magistris, sino también los promotores del “gomorrismo”, Roberto Saviano en primis. El escritor, después de la victoria en el primer turno del alcalde, ha escrito un análisis de las elecciones, publicado en La Republica, pidiendo a Renzi mayor esfuerzo en el Sur y acusando de Magistris de “populismo bolivariano”, que une “zapatistas en salsa napolitana” a una retórica populista, cuyo único punto a favor es “no robar”. A parte de que no robar no es poca cosa en el sistema político italiano, se puede ver claramente en estas acusaciones el mismo tipo de propaganda que se vive en España y en todo el mundo en contra de movimientos políticos progresistas y transversales que intentan oponerse a las políticas neoliberales. Saviano describe una Nápoles en colapso y pide ayuda a esas fuerzas nacionales. Pero desde Nápoles llegan las respuestas, y no solo en forma de votos a de Magistris. Muchos exponentes de las redes de la ciudad han respondido a Saviano, acusándole de apoyar a los poderes fuertes italianos y europeos, de no conocer la Nápoles actual y de ser un representante del “gomorrismo”, que solo busca espectaculizar el relato criminal y aumentar su popularidad. Dentro de la polémica que ha explotado, ha emergido la propia voz de Gaetano di Vaio, que ha declarado su apoyo a de Magistris y ha querido dejar claro que Gomorra no es Nápoles y que lo que necesita la ciudad no es un “divo anti-Camorra” sino trabajo de calle y personas comprometidas con las luchas ciudadanas.

DIDASCALIA: Gaetano di Vaio (Baroncino) y Luigi de Magistris
DIDASCALIA: Gaetano di Vaio (Baroncino) y Luigi de Magistris

No es intención de este artículo atacar a Roberto Saviano, sobre todo personalmente. Gomorra es un libro clave para enteder el poder económico de las mafias y su autor paga en primera persona por su trabajo, constreñido a vivir escondido y con escolta por la condena a muerte ordenada por los clanes. Quien escribe no sabe qué es vivir así, no tiene este compromiso y por lo tanto, por mi parte, respeto al máximo a Saviano. Pero respeto no significa compartir ideas y Saviano no escribe solo de crimen organizado, sino que publica también sobre política nacional e internacional (por ejemplo, es un defensor explícito del Estado de Israel) y, justamente, se expone a críticas legítimas. Sobre este caso en concreto, parece que efectivamente Saviano ha querido sumarse al relato peyorativo de la ciudad y lo ha hecho en contra de un proyecto político que tendrá sus contraddiciones y sus fallos, pero que representa un intento progresista de mejorar Nápoles, en una situación local y nacional tremenda. Este proyecto tiene el apoyo de muchas personas que, como Saviano, denuncian las mafias y sufren su poder, personas alejadas de las cámaras y de la popularidad, pero que trabajan en los barrios y en las calles y que también pagan con su integridad o con su vida. Mucha de esta gente, durante las elecciones, se ha organizado en grupos de defensa, para proteger a los votantes de las amenazas criminales en las circuscripciones.

De Magistris ha vuelto a ganar elecciones, en su ayuntamiento han entrado personas comprometidas, como Eleonora di Maio, del centro social Insurgencia, y se han proclamado los centros sociales patrimonio público de la ciudad. El alcalde se ha reunido con Varoufakis y su imagen política ya es conocida en la izquierda europea. La primera sesión plenaria municipal ha sido el 18 de julio y delante del ayuntamiento se han concentrado muchas personas de los colectivos ciudadanos, pero no solo para protestar, sino también para recordar a de Magistris que su ayuntamiento es de toda la ciudad y que las luchas no se paran. Falta mucho por hacer, pero lo que es cierto es que Nápoles ha reaccionado, y no solo frente a Gomorra, sino también frente a la Italia SPA y a la explotación.

[1] Omertà es una palabra que no tiene traducción directa en castellano y que se usa para indicar tanto el sistema de consenso y silencio que garantiza el poder del crimen organizado, como, en general, la actitud de apoyo mutuo y solidaridad entre miembros de un mismo grupo para cubrir culpas y proteger los intereses del grupo mismo.

Giacomo Pevarello

Politólogo, licenciado en Estudios Internacionales en la Alma Mater de Bolonia y Máster en Política Internacional en la Universidad Complutense de Madrid. Especializado en Relaciones Internacionales, Geopolítica, Espacio post-soviético (en particular Cáucaso Norte). También escribo sobre Europa, Oriente Medio y Magreb, terrorismo y crimen organizado. Soy un aficionado del Hip-Hop, de las novelas y del cine negro, género pulp y de las culturas undergound. Coordinador de Extramuros y redactor.